La Razón Pura
/José Luis González C
*Mario Moreno: un líder que construye.
Hace un año, a Mario Moreno Arcos le faltaron 4 puntos para alcanzar la gubernatura del estado, algo así como 62 mil votos.
Después de ganar seis elecciones, con una carrera política ascendente, probó el sabor de la derrota, situación que ningún líder en el mundo ha estado exento. No siempre es ganar ganar y las derrotas templan. Queda ahora concretar el adagio de @hacer de la derrota una victoria”.
Atribulado como sucede en los altibajos que golpean las emociones, ese hombre de prácticas humanistas y de gestos cariñosos, como ahora se le percibe con más frecuencia, cuando aparece en las imágenes en redes sociales, disfrutando con su pareja la presencia de su vástago, que lo define como un hombre auténticamente encantador y amoroso, no ha permitido que su fuego se extinga chispa a chispa en los pantanos de la esperanza.
Es Mario Moreno el líder sin cargo, no se ha perdido en la solitaria frustración, por lo que no se pudo alcanzar en su momento, donde se le jugó al héroe en un escenario intrincado, cuando el instituto político en el que milita, perdió el posicionamiento de su marca.
Moreno Arcos, todavía no es una leyenda, pero si un actor político vigente, que recorre las colonias, los barrios, los municipios, los ejidos y las comunidades, ahí donde la gente ha recapacitado, la que cuando decía que estábamos peor y no sabía que estábamos mejor que ahora.
La encuestadora Masive Caller reporta en sus últimos sondeos, que Morena rumbo a 2024, arrasaría con un 65.3 por ciento para la senaduría de la República. Sin embargo, a la hora de confrontar a las personas, Moreno Arcos supera las pretensiones reeleccionistas de quien hoy ocupa la representación por el partido de AMLO en Guerrero, con un 44.1 por ciento contra un 35.1 por ciento.
Es decir ganaría Arcos, toda vez que la sociedad, como a ningún otro priista en la entidad, lo percibe como un político vigente y con muchas posibilidades para representarnos ante la Federación y exigir bien a bien, que “amor con amor se paga” y no solo estar recibiendo una letanía de esperanzas a cambio del voto por nada.
A Moreno Arcos le hubiera ido bien, para mantenerlo mejor en el escenario, haber sido designado el dirigente del tricolor en la entidad, donde la política “anfibia”le cerró el paso. A toro pasado.
Precisar es oportuno, que no es lo mismo ser dirigente que líder. El dirigente es jefe y manda a sus súbditos como empleados; el líder los dirige; el dirigente depende del poder formal, el líder utiliza su capacidad de influencia; el líder jefe inspira temor; el líder inspira entusiasmo; el líder dice “yo”; el líder dice: “nosotros”; el dirigente justifica el desperfecto, el líder corrige el desperfecto; el dirigente dice “háganlo”, el líder dice:”vamos a hacerlo”.
El líder es aquel que es percibido por los integrantes de los entes sociales como el más apto para satisfacer sus necesidades de grupo. La autoridad y el poder de un líder se pueden diluir, reducir o aumentar, eso depende de cómo los miembros del grupo, perciban que se logran sus objetivos.
La autoridad del líder también puede estar amenazada, o apuntalarse, dependiendo de cómo enfrente el número de metas o el surgimiento de propósitos distintos a los originalmente definido.
Moreno Arcos es un líder, sin cargo, que aún en esas circunstancias, mantiene su liderazgo regresando a los sectores, que esperan pacientes el mejor momento, porque en la búsqueda de los liderazgos regionales por el gran frente opositor, está siendo observado y medido, lo quieren ver junto a Marcelo Luis Casaubón.
Quizá por eso le dice a sus seguidores: “El mundo que deseas existe, puede ser ganado, es real y posible; es tuyo.
Si algo sabe Arcos es que la política es el arte de hacer posible lo imposible”.
