Contexto Político
Mario Moreno, el líder que no tiene cargo
Por Efraín Flores Iglesias
En 2021 fue el candidato de la alianza PRI-PRD a la gubernatura del estado. Perdió, pero por una diferencia de cuatro puntos porcentuales y no por 30 como auguraron los dirigentes de Morena antes de la jornada electoral.
Mario Moreno Arcos fue un buen candidato para suceder en el cargo a Héctor Astudillo Flores. Lamentablemente, le tocó competir en un escenario adverso y teniendo en contra al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien desde sus “Mañaneras” (conferencias de prensa matutinas) influyó para que Morena ganara no sólo en Guerrero, sino en otras entidades en donde se eligieron gobernadores .
No llegó a ser titular del Poder Ejecutivo estatal, pero se ganó el respeto y reconocimiento de miles de militantes de base del PRI, del PRD y de otras fuerzas políticas que apoyaron su proyecto de gobierno.
Casi 600 mil guerrerenses votaron por él en las urnas.
Es cierto, no todos los priistas y perredistas lo apoyaron antes y durante la jornada electoral. Hubo quienes simularon estar con él y para posar en la foto. Hicieron muy bien su papel como caballos de Troya.
Después de aquella elección hubo también quienes se atrevieron a decir que era el fin de su carrera política y que de esa dolorosa derrota “ya no podría levantarse”. ¡Y sorpresa! Mario Moreno fortaleció su liderazgo y siguió (sigue) caminando por todo el estado.
A diferencia de otros personajes de su partido que sólo se mueven cuando ocupan un cargo de elección popular o cuando manejan recursos públicos, el dos veces alcalde de Chilpancingo se reúne diariamente con amigos, simpatizantes y aliados políticos.
Mario Moreno Arcos es un zoon politikón por excelencia; un hombre que nació para la política y que es sensible a las causas sociales, ya que proviene de la cultura del esfuerzo y porque conoce los problemas de Guerrero.
A principios del presente año aspiró ser dirigente estatal del PRI, pero los dueños de dicho instituto político le cerraron el paso y eligieron a un empleado para repartirse las candidaturas en 2024.
Mario Moreno pudo irse del PRI y sumarse a otra fuerza política, porque invitaciones tuvo, pero él prefirió quedarse en el barco que cada día se hunde más en el país por las incongruencias y malas decisiones de sus dirigentes.
Ningún partido político es malo. Los que fallan son sus dirigentes, quienes solamente han utilizado a su militancia para satisfacer sus intereses político-personales.
Contrario a lo que ocurre en otros estados, el PRI en Guerrero puede recuperar importantes espacios en la elección concurrente de 2024. Claro, siempre y cuando postule a buenos candidatos y escuche a sus bases.
En su libro “El líder que no tenía cargo”, Robin Sharma refiere que los títulos y los cargos otorgan poder. El problema es que el poder que confieren desaparece con el cargo.
También señala que hay un poder mucho más profundo que el de los cargos, y es el poder natural de liderazgo que todos poseemos por el simple hecho de ser humanos.
En efecto, el poder que confieren los cargos desaparece tarde o temprano. Pero lo que no desaparece es el liderazgo.
Y en política, como en la vida cotidiana, no todos son líderes.
En Guerrero hay varios partidos políticos que cuentan con un dirigente que es electo mediante una elección interna o través de una asamblea estatal. Pero, ¡ojo! No es lo mismo ser dirigente que líder.
Para Diego Crescente de Antonio, analista internacional en temas de comunicación política y ex funcionario del gobierno español, “El líder político actúa conforme al diálogo, no a la imposición. Su autoridad en este sentido es más moral que ejecutiva porque realmente convence tanto a sus seguidores como incluso a sus adversarios”.
Un dirigente, en cambio, es alguien que pugna para que se respeten los principios y estatutos del partido. Y, a diferencia de un líder que cuenta con un carisma personalísimo e intransferible, el carisma de un dirigente es institucional y que traspasa automáticamente al relevo.
En su libro “Ideas a tiempo: las perspectivas de la democracia” (edit. Diana, 1990), el ex gobernador José Francisco Ruiz Massieu señala que la condición del dirigente “tiene que ver con la legalidad estatutaria, y con el procedimiento de investidura”; mientras que la del líder “atañe a lo sustantivo, y que se sustenta en la legitimidad de un mandato que se asume sin solemnidad”.
Y prosigue: “El líder acude a la convicción, o a la entrega emocionada de sus seguidores; en tanto, que el dirigente confía en la disciplina de sus correligionarios, y en la solidez de la organización… El líder se sostiene por lo que hace, y el dirigente por lo que es. El primero se sostiene a sí mismo, y el segundo es sostenido (por la norma, la organización, el procedimiento o por otro poder)”.
Hay quienes pueden ser a la vez dirigentes y líderes. Pero en Guerrero, la mayoría de los dirigentes partidistas fueron impuestos por un dirigente nacional, un gobernador en funciones, un grupo de ex gobernadores o por un líder mesiánico.
Mario Moreno brilla con luz propia y su liderazgo le es reconocido no sólo en el tricolor, sino también en otros partidos. Hasta en Morena.
A donde quiera que va lo tratan con respeto y lo invitan para participar en importantes eventos. De hecho, fue padrino de generación de miles de estudiantes que culminaron sus estudios de nivel media superior y superior en las 7 regiones de la entidad.
También ha estado presente en las ferias patronales de los municipios en donde lo han invitado.
Y en los últimos días acompañó a los alcaldes del PRI y del PRD que lo invitaron formalmente en sus informes de labores.
Queda claro que, con o sin cargo, Mario Moreno Arcos sigue vigente en el escenario político estatal.
Por lo tanto, no hay que descartarlo para la elección de 2024.
ENTRE OTRAS COSAS… Durante la sesión de este jueves, el pleno del Congreso local aprobó un acuerdo parlamentario por el que se nombra a los ciudadanos José Enrique Solís Ríos, Andrés Rosendo Orozco Pintos, Eusebio Pérez Almonte, Roberto Juvencio Ramírez Bravo, Jorge Alán Pérez Jaimes y Mayra Morales Tacuba como titulares de la Secretaría de Servicios Parlamentarios, Secretaría de Servicios Financieros y Administrativos, del Instituto de Estudios Parlamentarios “Eduardo Neri”, Dirección de Comunicación, Unidad de Transparencia y Anticorrupción y Unidad para la Igualdad de Género, respectivamente.
Esto ocurre a un año de instalarse la LXIII Legislatura. Durante todo ese tiempo, las dependencias legislativas funcionaron con encargados de despacho.
Qué bueno que los diputados se hayan puesto de acuerdo para nombrar a los titulares de esas importantes áreas.
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