El Plan México está a favor de la élite burguesa, denuncia el Ejército Popular Revolucionario
CD. DE MEXICO, 17 DE DIC. DEL 2024-. En su última edición, el periódico El Insurgente, órgano de difusión del Ejército Popular Revolucionario lanza una dura crítica al modelo económico de la actual administración federal liderada por Claudia Sheinbaum, señalándola como un esquema diseñado para beneficiar a una élite empresarial mientras se profundizan las desigualdades sociales y económicas en México.
El artículo destaca la creación del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización (CADERR), presentado como parte del Plan México. Este organismo, compuesto por prominentes empresarios como Eduardo Tricio Haro (Grupo Lala) y Juan Domingo Beckmann (José Cuervo), es señalado como una herramienta para asegurar los intereses de la oligarquía en detrimento de las masas trabajadoras.
Según el grupo guerrillero, el Plan México fortalece el sistema capitalista al priorizar inversiones privadas y proyectos como los parques industriales y el Tren Maya, ambos diseñados para servir al capital transnacional y monopolista.
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Del mismo modo, el EPR denuncia que las políticas económicas actuales perpetúan la dependencia de México como un país subordinado a las grandes potencias, especialmente a Estados Unidos. Se critica que, mientras los programas sociales asistencialistas fomentan el consumo y la enajenación de las masas, las riquezas del país se concentran en pocas manos. Ejemplo de ello es el incremento de los multimillonarios mexicanos, que pasaron de 14 a 22 este año.
Además, la figura de Altagracia Gómez Sierra, presidenta del Grupo Minsa y cercana a la presidencia, es presentada como un símbolo de la alianza entre la política y la élite empresarial. Su conglomerado ha sido señalado por prácticas que priorizan el beneficio privado sobre los intereses colectivos, destacando casos como la privatización de empresas paraestatales en las décadas de 1980 y 1990.
En este contexto, El Insurgente concluye que el Plan México y sus derivados no responden a las necesidades del pueblo, sino a las demandas del capital. El llamado es claro: la organización popular y la resistencia activa son imperativas frente a un modelo que, bajo la retórica del desarrollo, perpetúa la explotación y la desigualdad.
