/José Luis González C.
Concebido bajo un espíritu familiar, dotado de estacionamiento, generosas áreas verdes y albercas destinadas al esparcimiento infantil —cuyo uso se ofrece a quienes disfrutan del servicio de alimentos—, Real Campestre Restaurant-Bar se presenta como una propuesta distinta en Chilpancingo, una suerte de oasis donde la convivencia se vuelve experiencia.
El lugar trasciende su vocación recreativa para erigirse en un discreto itinerario cultural: en sus senderos se enaltecen las tradiciones guerrerenses mediante puestos de artesanías y una ambientación rústica que evoca la serenidad de la campiña. Allí, lo natural y lo contemporáneo no se oponen, sino que dialogan y convergen, incluso, con una delicada oferta de boutique.
En su reciente apertura, Real Campestre Restaurant-Bar recibió a sus visitantes con una promoción inaugural del cincuenta por ciento de descuento, acompañada de una propuesta gastronómica accesible. El ambiente se ennoblece con la música en vivo —teclado y saxofón— del grupo Los Gigios, mientras que sus salones, concebidos para la celebración, acogen cumpleaños, aniversarios y encuentros sociales de diversa índole: familiares, infantiles e incluso de carácter institucional o político. Es, en suma, un espacio propicio tanto para la celebración como para la concertación de ideas y proyectos, o bien para el simple y necesario arte de la convivencia.
Así, Real Campestre se afirma como una nueva alternativa en la capital guerrerense, ofreciendo a sus visitantes la posibilidad de emprender un recorrido sensible por la riqueza cultural y gastronómica del estado.
La llamada “Tía Oti” revela, en esta empresa, una faceta más de su naturaleza polifacética: la del emprendimiento. Inquieta por esencia, su dinamismo —tan visible en la política— se traduce ahora en este proyecto que lleva su impronta. Acompañada de sus más cercanos, encabezó el corte de listón este sábado 26 de abril, que marcó el inicio de actividades, con una oferta inicial de treinta platillos en modalidad de buffet en precio cómodo.
El acceso no entraña dificultad: basta tomar la vía que parte del CBTis, ascender por la pendiente, rebasar la antigua casa de Neri Vela y, al llegar al final del camino, girar a la izquierda, en el flanco sureste de la ciudad.
Quien se aventure a conocerlo difícilmente hallará motivo para el desencanto.

