La Razón Pura
*Ofensiva Oficialista y Mario Moreno Arcos.
/José Luis González C.
Las propensiones autócratas del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, lo hace tener entre su agenda, aniquilar por completo al tricolor, partido al que considera responsable de todo lo malo que haya pasado en el país, desdeñando su papel histórico en la estabilización postrevolucionaria que puso un alto al desasosiego de los caudillos.
La obsesión por “desaparecer” al Revolucionario Institucional de la palestra política, tiene antecedentes desde que Obrador salió de este organismo político en el que militó desde 1976, donde ocupó su primer cargo como director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y Sociales (CEPES), y entabló relación directa con Enrique González Pedrero, quien lo impulsó a ser dirigente estatal en Tabasco, donde renuncio el mismo día de su nombramiento, para en 1988 abandonar este partido y sumarse al Frente Democrático Nacional con Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez.
Desde entonces, AMLO no ha dejado de demeritar al PRI y ahora se pone en práctica el plan de aniquilarlo por completo y desplazarlo del poder de las dos últimas entidades que quedan como su reducto: Coahuila y Estado de México.
Esta estrategia está en la perspectiva de 2024 en la lucha por la presidencia de la República que AMLO, una vez que no pudo relegirse, busca imponer como su sucesora, a la gobernadora de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum , donde se trata de que el tricolor llegue totalmente desarticulado, sin presencia alguna ni capacidad de lograr votos. Para ello se promueve que se apruebe una reforma a la Constitución, a efecto de que el tricolor no pueda usar los colores de la bandera, los cuales han dado identidad durante casi ochenta años.
Entonces en términos hipotéticos, la sumatoria esquemática ya no se lograría con el 18 por ciento del PAN, el 18 por ciento del PRI, el 4 por ciento del PRD y eventualmente los 6 porcentuales del Movimiento Ciudadano, lo que haría un total de 46 porcentuales contra 36 de Morena. Ese es el objetivo. Sin embargo, la polémica que se suscita es si un PRI sin sus colores de identidad, perdería o ganaría más. La inferencia es que pierde más.
Podría ser ese un factor, tal vez. Sin embargo, hay otros factores que pueden incidir y que deben tomarse en cuenta en las postulaciones que tuviera que hacer el Gran Frente Opositor, por supuesto, bien estudiadas las figuras políticas y sus perfiles en los liderazgos regionales, de diputados federales y senadores.
Cabría preguntarse quién en Guerrero pudiera ser un candidato propositivo, con las prendas y los arrestos necesarios, de tal suerte que coadyuvara al triunfo del candidato a la presidencia de la República y del mismo propio.
Muchos especularon sobre la ruta que debiera seguir Mario Moreno Arcos, quien tuvo la entereza de entrar a una contienda electoral en 2021, en el contexto de un escenario adverso en el que si bien, la diferencia la hicieron cuatro porcentuales, acumuló un capital político que está latente, que no debe perderse ni desdeñarse para las contiendas venideras y la crucial de 2024, para que el país enderece su rumbo, se recupere la economía, se generen empleos, se cambie la estrategia del combate a la violencia, se pacifique el país, se construya una paz duradera y no una paz narca ni de los sepulcros.
En el PRI ya no deben lastimarse ni de hablar de traiciones, sino de lo posible y de lo probable; de lo que se puede ganar y de lo que se puede perder si no se reconstruye el partido, fuera de frases huecas y clichés demagógicos.
La presencia de Moreno Arcos en el reciente Consejo Político del PRI, donde se le tomó protesta al nuevo presidente y secretaria general del CDE, Alejandro Bravo Abarca y María del Pilar Vadillo Ruiz, fue una señal de que se queda en el tricolor, eso suponemos. Empero, la interrogante salta de inmediato, cuestionando si realmente los dirigentes actuarán con humildad, inclusión y responsabilidad, a efecto de no desdeñar ese capital político de Moreno Arcos y no convertirse en los sepultureros de un partido que ha dado muchos presidentes a este país.
O seguirán dando gritos de unidad, que en la práctica se tornan en desunidad y trastocan la supervivencia del partido que está en juego y riesgo de convertir su existencia en testimonial.
El 2024 está a la vuelta de la esquina. ¡piénselo!-
