POR EL MAESTRO JUAN SÁNCHEZ ANDRAKA
Desde niño no he comido carne. Ni de animal terrestre ni marino. Fue porque todos los sábados, en la casa de mis papás, llegaban los “matadores” de marranos. Mi mamá surtía la carne a los colegios y al seminario. Vivíamos en Chilapa. En aquellos tiempos no se oía la palabra naturismo. Fue ver, oír y sentir el sufrimiento de los marranos lo que me hizo repeler la carne de cualquier animal. Me angustiaba el sufrimiento de los animales que sacrificaban todos los días. Un guiso de carne es un guiso de muerte.
En el poco tiempo que viví en la ciudad de México tuve la amiga que influyó mucho en mi forma de vida. Ella no comía carne. Practicaba el nudismo en lugares adecuados. Era sencilla, auténtica y noble. Leía la Biblia. Se llamaba Silvia. Ya les platiqué que murió el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.
-Comer carne –me dijo un día- es antinatural-. La Biblia dice que en el principio Adán y Eva andaban desnudos y comían frutos y plantas. Fue su rebelión lo que provocó que se hicieran antinaturales. La humanidad se falta al respeto cuando censura al desnudo. Por esta censura hay tantas desviaciones, complejos y prejuicios. Son las religiones las que han provocado las degeneraciones sexuales. Han creado una dizque moral que se opone a lo natural. El Génesis afirma que Adán y Eva desobedecieron a su creador. El primer castigo fue negarse a sí mismos. Perdieron su naturalidad. El paraíso salió de su cerebro y de su corazón. Se avergonzaron de su desnudez. Se cubrieron, se escondieron. Al atentar contra sí mismos empezaron a atentar contra la naturaleza.
-¿Empezaron a comer carne? Pregunté.
-No comían carne y vivían muchos años. El famoso Matusalén superó los novecientos. Fue después del diluvio cuando se inició la crueldad y el crimen contra los animales para comer “sabroso”. A partir de entonces el hombre mata, asesina y traiciona para darse gusto en la comida.
-¿Dices que traiciona? ¿Por qué?
-Los animales domésticos son cuidados, apapachados y alimentados por sus dueños. Esos animales se encariñan con ellos. Consideran la casa de su dueño como su propio hogar. No sospechan que ese que los cuida y los alimenta los va a matar. Ese dueño defiende a sus animales del coyote, del gavilán, de cualquier animal carnívoro. Es él quien los va a degollar. En un guiso de carne hay dolor, crueldad, traición y sangre…
-¿La ropa es dañina? Pregunté.
-Es antinatural. De todas las especies solamente los humanos se visten. La ropa es su envoltura. Cuidan, gastan y se enorgullecen más de su ropa que de su cuerpo. Lucen la ropa. Esconden el cuerpo. Es más importante la envoltura que el contenido. Los militares intimidan con sus uniformes. Los clérigos impresionan y dominan con sus largas vestiduras. Los ricos se sienten valiosos e importantes con trajes y ropa cara. Los menesterosos andan en harapos. La ropa, también, es la causa de muchas desviaciones.
-Muchos me dicen que la carne es necesaria. Que debemos comerla para estar sanos –comenté-.
-No. La salud es producto de la comida a base de frutas y verduras. También de tus pensamientos, de tu forma de vivir y de tu actitud ante los problemas. Tú vivirás muchos años y serás muy sano.
Eso me dijo mi amiga Silvia en 1956. Hace sesenta y seis años.
